viernes, 25 de abril de 2008

25.4.2008 – No me juzguéis con demasiada severidad

Una amiga me ha asesorado sobre cómo hacer referencias a artículos de periódicos y otros materiales publicados por otros medios. Tenía ganas de hacerlo porque según voy repasando la prensa diaria, unos días con más profundidad que otras, encuentro en bastantes ocasiones alguna joyita, o simplemente algo que me hace reflexionar, me aclara un poco mi percepción del mundo, confirma o me cambia opiniones, o que simplemente me gusta. Y quería compartirlo

Me gustó, por ejemplo, el artículo de opinión de Nicole Muchnik publicado en El País del 12 de abril sobre la visita de estado de la pareja presidencial francesa al Reino Unido. Del viaje, encuentros, consecuencias políticas y otras interpretaciones han hablado personas más listas y sesudas que yo. Me llamó la atención el artículo de Muchnik por la pulcritud de su estilo. Buena parte del artículo se dedica a analizar el viraje de los comentarios, y se han hecho a oleadas sobre Carla Bruni, de la prensa a ambos lados del Canal de la Mancha. Acaba enlazando, mediante una crítica mordaz aunque sutil, con la situación de la mujer francesa de origen bereber, y por extensión de todas las mujeres, que ha originado, apunta el artículo, un movimiento encabezado por Fadela Amara, conocido como Ni p... ni sumisas. (La autocensura no es tanto por reparo en el uso de expresiones vulgares, sino por evitar la lucha contra los filtros automáticos)

Muchnik no critica a la Bruni por su pasado. Tampoco, porque pese a éste, se haya reconvertido a una “sumisa” primera dama, a juzgar por la nueva imagen a lo Jacqueline Kennedy que exhibe en las fotografías con la Reina de Inglaterra, y no persiga convertirse en un icono de alguna vertiente de un feminismo mal entendido. Pero sí defiende el desparpajo sentimental durante su otra vida, que fue casi masculino por no decir masculino del todo. Con todo, a mí lo que más me gustó fue la pregunta final tan retórica como resabiada: ¿Quién de nosotras no es sumisa? Pues eso.

Muchnik es, por cierto, pintora y tiene una web interesante.

Humano también es el enfoque con el que José Manuel Sánchez Ron aborda la figura del científico alemán Max Planck, que a principios del siglo pasado alumbró el despertar de la física cuántica, en un artículo publicado también por El País el 23 de abril. Sánchez Ron desgrana con su habitual cuidado en la documentación los claroscuros de la vida del científico dando lo que corresponde al César y a Dios lo que es suyo. Pues yo no voy a decir que me sienta retratado en Max Planck, cuando mi mayor aporte a la ciencia fue reiniciar una impresora rebelde a Margarita Salas en mi época de estudiante (por cierto que le den el Príncipe de Asturias a esa mujer), pero coincido en que antes de tirar la primera piedra conviene en valorar la viga del ojo propio.

Y siguiendo con el humanismo el articulito de Maruja Torres también en El País del 17 de abril hace hincapié en la vulnerable situación del ser humano. El articulito no fue muy bien recogido a juzgar por la votación que de hicieron los lectores en su día. Choca un poco la contraposición de los dos personajes, el glamuroso y el currela, precisamente porque ambos se yuxtaponen. Maruja Torres no dirige de forma aparente a ninguna conclusión, tal vez por la limitación de palabras de su columna, o más probablemente, porque dice callando.

A mí siempre me ha gustado el estilo de Maruja Torres por su pasmosa habilidad en ser elegante y extraordinariamente precisa utilizando expresiones vulgares. Y si no, echad un vistazo a la expresión que mezcla sopa de pollo con gélida noche del corazón.

Pues eso, en esta semana que comenzó con la trágica noticia de los turistas finlandeses muertos en accidente de tráfico, y lo digo con el corazón encogido, también quiero practicar el ejercicio de la compasión –El País de hoy, que no el de la defensa, porque yo no puedo y porque ya habrá otros que lo harán. Cuidado al volante, que los errores e imprudencias, afectan a muchos, desconocidos y allegados, y se pagan muy caro y no sólo me refiero a la muerte, sino los que quedan vivos.

(Me vais a perdonar el abuso que hago de El País, quería haber sacado un artículo de opinión de El Mundo, que también me gustó mucho a propósito del embarazo de la nueva ministra de defensa, pero es que era de pago y ah, ya no estaríamos hablando de difusión de obra sino de ¿plagio? En cualquier caso algo muy feo.)

lunes, 21 de abril de 2008

12.4.2008 – Con la bici por la Casa de Campo

No me atrevo a decir que aprovecho todas las oportunidades que se me ofrecen de coger la bici, mi posesión más preciada y que más próxima reside en mi corazón. Estaría mintiendo, pero éste fin de semana, a pesar de la paliza pegando brincos del entrenamiento de por la mañana, acepté la imprudente oferta de Ivo de acompañarme. Imprudente porque soy un paquete sobre las dos ruedas. La postura sobre el sillín y el agarrotamiento de los brazos sobre el manillar no sólo denota inexperiencia, sino que asegura un buen dolor de trapecios al acabar el viaje. Mi forma de tomar las curvas hace rechinar los dientes a los expectadores más experimentados y, sobre todo, mi exacerbado instinto de supervivencia, que es un eufemismo para evitar decir pánico cerval a los desniveles.

3i se empeñaba en que me acostumbrara a adoptar una postura correcta y me animara a hacer unos toboganes, subibajas, sin demasiada dificultad técnica, pero a mí aquello me parecían los Alpes dolomíticos. Era curioso, le veía a él subir y bajar relajado y con elegancia y cuando me disponía yo al segundo intento, – el primero había frenado en seco y habían tenido que insistirme – aquella suave loma crecía hasta convertirse en un pico descomunal sólo comparable a las grandes cordilleras del Himalaya, o en su defecto, los Andes. Me gusta, pero creo que me va a costar. Yo sólo espero que aprenda algo antes de agotar la paciencia de mi gurú y maestro.

11.4.2008 – Los grandes quemados y L’Oceanogràfic

Estaba en Valencia por un viaje de trabajo. En el mío doy muchas vueltas y ésta me llevó al Congreso de la Asociación Española de Bancos de Tejidos. Hay otros mundos, pero están en éste y el de los bancos de tejidos, transplantes de órganos es otro, con muchos microcosmos de los que sólo llegue a avistar una parte superficial y desde la lejanía.

Una de las ponencias tenía que ver con el tratamiento de grandes quemados y la utilización que se hacía de los injertos de piel que se conservaban en los bancos. La idea no podía ser mejor. La mayor parte de los asistentes trabajan en bancos y de esa manera pueden ver, y comprender mejor, que es de lo que se trata, los resultados de su trabajo. No voy a entrar en esto por aquello de los mundos que comentaba y que se me va de las manos, pero no puedo dejar de comentar la impresión que me causó ver las fotografías con todo lujo de detalles del tratamiento de los quemados.

Cuando las quemaduras son intensas y extensas el paciente corre muchos riesgos: de infección, de deshidratación, con el consiguiente peligro de fallo renal y un largo etcétera de posibilidades que se mencionaron pero que ya no logro recordar. Una de las medidas para ayudar a los enfermos a sobrevivir, mientras se espera a que estos puedan regenerar su propia piel, es utilizar injertos que los bancos de tejidos proporcionan (de un cadáver, por cierto. No sabía si decirlo, pero...). Se trata de una medida transitoria porque casi siempre el enfermo acaba por rechazar el tejido extraño, pero entonces con suerte ya empezaban a contar con una capa propia que protegiera y aislara el cuerpo. Debo confesar que lo más impresionante no era las fotografías cruentas de todo el proceso de desbridado, y que después de aplicar los injertos el paciente pareciera el primo hermano de la criatura de Frankenstein, sino el entusiasmo contagioso de la médico que lo explicaba. Una chica joven, con melena cortada a capas que acompañaban los movimientos precisos y enérgicos de su cabeza al dirigirse a los espectadores.

En algunas ocasiones, hay que utilizar cultivos de la piel del propio paciente. Se toma una muestra que se envía a un laboratorio especializado para que los queratinocitos crezcan lentamente, primero en tubos de ensayo y después se les haga progresar en superficie para que den una película con la que cubrir las heridas abiertas. Este cultivo lleva su tiempo, no se hace en todos los sitios y es, de momento, una de las pocas aplicaciones clínicas de la terapia celular avanzada. Me impresionó también la actitud del responsable de uno de los pocos centros donde se lleva a cabo esta técnica, preocupado hasta la devoción por aumentar su velocidad de respuesta y la calidad de los “productos”.

También era de aplaudir la actitud de las azafatas. Chicas jovencitas, hiperdelgadas y atentas a cumplir su trabajo llevando el micrófono a los asistentes que desearan intervenir. Si para mí, que he hecho perrerías a las ratas en el laboratorio de mi época de estudiante que todavía atormentan mis sueños, si los propios médicos, según me confesaron, eran sensibles a la crudeza de las imágenes, ¿qué pensarían esas chiquitas tan jóvenes? Y lo digo sin paternalismo, más bien con la solidaridad del que ha pasado la misma experiencia traumática. Probablemente lo mismo que yo: que qué duro es ganarse el pan, y que qué poco glamour tiene la profesión. En cualquier caso, ¡qué profesionalidad la de todos: médicos y azafatas! Cada uno en lo suyo.

Dejando atrás las mejores escenas del cine gore de la semana está uno de los mejores momentos del viaje. La visita al oceanográfico de Valencia.

Lo tienen bastante bien organizado. Siguiendo el modelo actual de diseño, las especies se distribuyen por ecosistemas. Lo cuál es lógico, porque no se puede conservar una especie tropical junto a los pingüinos, pero la idea también es explicar que los animales y las plantas forman parte de un sistema mayor interconectado y que no se puede aislar el uno del otro.

Naturalmente, predominan las especies más llamativas y bonitas, pero eso está bien si se logra despertar el impulso de proteger y conservar el medio. Es mucho más fácil con exhibiciones con los delfines o peces de colores que con una morena. Algunos pueden acusar a los zoológicos y similares de espectáculos circenses, pero reconozco que también había abundancia de explicaciones científicas sobre biología de las especies, comportamiento animal y descripción de los hábitats. Prácticamente en la entrada tenían una exposición magnífica de corales que pasaba desapercibida ante la magnificencia del acuario tropical de al lado. Éste y la zona mediterránea, por razones de proximidad, eran quizá la mejor parte del parque.


lunes, 7 de abril de 2008

6.4.2008 – Media Maratón de Madrid

Desde la San Silvestre no participaba en ninguna competición hasta la Intercampus del otro día y la media maratón de este domingo. A nadar voy regularmente y de vez en cuando salgo con la bici, pero el entrenamiento de la carrera a pie lo tengo bastante apartado entre unas cosas y otras. El sábado con el grupito, aunque la verdad sospecho que las cañas de después son el acicate más poderoso. El domingo, que si no salgo con la bici, salgo a hacer los deberes, pues la verdad, no encuentro tiempo para correr. Y eso se nota en las piernas. Constato que he perdido velocidad. La media maratón me salió a 1:40 y pocos segundos, que es lo que tenía previsto, que es más tiempo que el año pasado. Y esto, insisto, no me preocupa en absoluto. Sin embargo, las piernas se quejaban. La Intercampus había sido tan fácil y tan cómoda, que pensaba que yendo despacito tampoco me costaría demasiado ésta. Ahora una frase lapidaria: media maratón es la mitad de 42 km y pico. Se nota.

Con todo, fui bastante bien. Los preparativos previos fueron un poco caóticos. Con el gentío me costó encontrar la zona de chips y llegué antes al guardarropa. Estaba alejado, pero no me quejo. A la llegada fue muy fácil recoger la ropa y no enfriarse. Aunque haga un día excelente, que lo hizo, siempre después de correr servidor tiene que taparse. De los chips, cuando los encontré tampoco me quejo, pero para hacer pipí y popó (me encanta la expresión) tuve que hacer una cola (la elección de las palabras no es casual) de varios minutos. Tiempo que tuve que quitar al calentamiento. No me gusta ponerme a mear en cualquier sitio. En el campo pase, pero a la gente que viva por ahí no le debe hacer gracia encontrarse los efluvios de 10.000 atletas. Eso no es forma de fomentar el deporte.

Bastante bien, porque acerté con el atuendo. La camiseta sin mangas que dieron en la media hace un par de años y unas mallas cortas. El año pasado con lo mismo, pasé un frío...

Gracias a Paco y Miguel, que me avisaron desde un lateral, conseguí situarme en un punto estupendo para la salida. Estaba cerca del globo de 1:35, pero no sé si es una buena referencia, porque tenían un poco de lío y el 1:30 estaba detrás del de 1:40. En cualquier caso no seguían muy bien la topología de la recta real. Eso sí, la posición fue estupenda. Enseguida llegué a la alfombrilla y por primera vez, era la gente la que me pasaba y no era yo el que lo hacía. Eso no es muy bueno para los corredores más rápidos, pero yo procuraba no hacer corrillo con otra gente para que pudieran adelantarme fácilmente. Me sentía identificado con algunos corredores que llevaban una camiseta que decía, “pásame q puedes”.

Lo bueno, es que desde casi el primer momento pude hacer mi carrera, mi tiempo es el que he hecho yo. Y lo que es más importante corrí sin tener que hacer malabarismos para encontrarme un hueco.

Después es correr, mantener un ritmo adecuado, que no siempre es fácil, beber cuando hay avituallamiento y tratar de disfrutar de las vistas. Yo esto también procuro hacerlo lo mejor que puedo, pero la verdad es que no me fijo demasiado, estoy más en no tropezarme y respirar. Eso sí hizo un día magnífico. Muy buena suerte con el tiempo.

Decía que había perdido velocidad y lo notaba al inicio de la bajada de Bravo Murillo, varias de las personas que tenían de referencia me pasaron. El del globito de 1:40 me había pasado, pero luego, el corazón tira, los largos de piscina ayudan, y según nos acercábamos al km 19, 20 con el valle tobogán de Pablo Iglesias, me permití volver a pasarles a todos, incluido al del globito, y hacer una buena entrada. Bueno, siempre me como a los que se paran inmediatamente después de pasar el arco de meta, a pesar de las indicaciones de los voluntarios.

Ahora, tengo las piernas pesadas, y no me molestaría en correr para coger el metro, pero no tengo agujetas y bajo muy bien las escaleras. Que eso no tiene precio. La natación de esta mañana me ha soltado las piernas. Y desde esta humilde plataforma animo a todos a que prueben con el yoga. Mano de santo para estas cosas.

Un abrazo, 3j

lunes, 31 de marzo de 2008

30.3.2008 – Intercampus de Carlox III

Vale, vale, en primer lugar decir que ni me equivoqué de lugar ni me confundí con la hora. Estuve allí cuando tenía que estar, pero entre pitos y flautas no pude calentar. Ya van mil.

La carrera me salió bastante bien, es más muy bien. No porque hiciera una buena marca, 45:20 según mi reloj, sino porque es una carrera muy agradable de correr. No hay mucha gente, salvo el momento de la salida. Esto lo veo en los tiempos por km. En el primero estoy a 4:54 y luego bajo a 4:20 en los siguientes, más o menos en las mismas condiciones de altimetría, quiero decir, que íbamos cuesta abajo. Un amiga, que contempló desde una posición privilegiada la salida, tenía la clave. Aquello que siempre había sospechado, que hay un grupo de viejetes barrigudos y señoras culonas con afición a ponerse por delante de la gente que va a hacer marca, es cierto. Hasta que los sobrepasan, pues vamos un poco congestionados.

Al principio hacía fresquito, pero en algún momento salió el sol y se puso más agradable. Después del primer km, la vía se descongestionó y pude ir al ritmo que me pedían las piernas. La primera parte es cuesta abajo y luego hay unos sube-bajas. El del puente que atraviesa no sé que supercarretera continúa, y me imagino que continuará, porque no hay forma de quitarlo, a menos que uno quiera arriesgarse con los coches, y no creo que la organización lo acepte. Yo al menos, no estoy por la labor. Las subidas hacen disminuir la velocidad, pero bueno, con hacer el paso más corto y capearlas como puedas, bien está. Y como no hay malo sin bueno, luego están las bajadas para desfogarse.

La marca es la peor desde hace mucho tiempo. ¿Y qué más da? Se nota que sólo corro un par de veces por semana. El sub45 no lo tengo en las piernas porque me falta velocidad. Eso sí, se nota la natación. La patata (corazón en argot makinorri) me deja tranquilo y fui muy a gusto todo el recorrido, incluso me permití aumentar el ritmo en los dos últimos kilómetros, como si entendiera de la cosa. Y la sensación es muy buena durante la carrera y después. Y de eso se trata, ¿no?

Me gustan los 10 km, cuando quieres empezar a cansarte ya estás llegando y luego prácticamente no tengo agujetas ni demasiadas molestias. La media maratón del próximo domingo me está empezando a dar pereza.

Ah, hay unas fotos graciosas. Lástima que la gente sea tan presumida y quiera posar. Gerardo tenía una pose de bailarina estupenda, pero no me dio tiempo a sacarle la foto y sólo se le ve echándome la bronca por pillarle desprevenido.

Un abrazo, 3j

domingo, 16 de marzo de 2008

16.3.2008 – El no-puerto de Canencia

Me he comprado una bicicleta. Éste ha sido un proyecto que se ha prolongado en el tiempo por varios meses. A pesar de las dudas de 3i de que fuera capaz de consumar el acto, el de la adquisición y posesión, yo lo tenía claro. Bueno, tenía claro que quería una bicicleta, pero no sabía si de carretera o de montaña, o las dos pero en qué orden y, sobre todo, ¿dónde iba a ponerla? Al final las cosas se solucionaron mejor de lo que esperaba, aunque la logística de encontrar el sitio y acondicionarlo fue más compleja que el conseguir la pasta.

Según salí de la tienda fui a estrenarla a la Casa de Campo. Gracias a mi nulo sentido de la orientación me perdí un par de veces, a pesar de que me habían indicado el camino perfectamente. Pero llegué y me di una vuelta en un día perfecto de primavera. La casa de campo estaba preciosa y me metí entre los encinares a disfrutar del día de gloria. Ese mismo día se celebraba una prueba de duatlon (o duatlón) todavía no sé cómo se dice. Yo, naturalmente, no participaba. Mi excusa es que yo tengo una preciosa bici de montaña y ese era una prueba corta en la que se necesita potencia y una buena bici de carretera. Yo no tengo ninguna de las dos, pero era una buena ocasión de conocer a la gente de mi club. Nota mental, para conocerlos tendré que salir con ellos a entrenar. Ahí el encuentro se quedó un poco descafeinado. Y eso que tenía avalista. La vuelta por el centro fue sencillamente traumática. El tráfico da pánico, y como yo soy un pardillo fui por el peor sitio posible.

Mi primera prueba de fuego fue sin embargo el siguiente fin de semana. El domingo me había despertado temprano y 3i me llamó para proponerme sobre la marcha una pequeña salida. Ir en tren hasta Colmenar y ahí coger el carril bici hasta Miraflores y subir el puerto de Canencia. Ahí empezó la primera, y espero que lo sea de una larga serie, de clases teórico-prácticas de montar en bici. Por cierto, a juzgar por todas las correcciones que me han hecho lo hago fatal y lo peor es que todavía se han dejado cosas en el tintero. Menos mal que el profesor es bueno, paciente y barato (se cobra en bocadillos o barritas energéticas, pero de momento ha pasado bastante hambre), que si no me tendría que dedicar al canto gregoriano como alternativa de progreso.

El carril bici fue relativamente sencillo, más o menos en llano, y en ya en la carretera fuimos tranquilamente con algunos coches esporádicos y lo que parecía un congreso de moteros. Ya llegados a Miraflores nos encontramos con unos chavalotes del Aguaverde. Muy majos. Mientras tomábamos un refresco les comenté que era mi primer día. Me animaron a disfrutar y le quitaron hierro al puerto que se avecinaba. TioTala lo llamaba el no-puerto, porque comparado con otros no tenía ni demasiada pendiente ni extensión. Me advirtieron también que no me descorazonara con la primera parte, que era bastante pronunciada.

Pues allí que nos fuimos. Siguiendo los consejos de mi mentor y gurú, puse el plato pequeño desde el principio, aunque no habría tardado en percatarme yo solito de la necesidad. “Mantén una buena cadencia, el pedaleo animado” me decía. Yo no respondía, demasiado concentrado estaba en continuar pedaleando. Pero era cierto, la primera parte se pasaba rápido y luego llegaba un semillano donde uno podía relajarse. Lo peor vino después, los siguientes 6 kilómetros de una pendiente, quizás no tan pronunciada, pero lo suficiente y constante. Primero subí un piñón, luego el otro, luego el otro y a continuar pedaleando. 3i me pasó y subió el solito, mientras yo continuaba mi lucha solitaria le vi bajar raudo como una exhalación. Iba tan rápido que habría jurado que se notaba el efecto Doppler, ya que no la curvatura del espacio-tiempo prevista en la relatividad. Yo continué como podía, sudando como un bendito y cada vez más angustiado porque el no-puerto no se acababa nunca. Cuando estás tan cansado el cerebro, y menos a mí, se toma unas vacaciones y descansa con un pensamiento repetitivo. “Pues menos mal que es un no-puerto, que si fuera un SÍ-puerto podría darme por ... bueno, por eso, que no sé como anda este hospedador de censura.




Ya desesperado mi amigo vuelve a subirse el puerto, para él si era un no-puerto, y me anima. “¿Que cuánto queda, pues por lo menos otra media hora?” Earth-eat-me, pensé yo a punto de mandar a tomar viento mi carrera como estrella internacional del ciclismo el primer día. “Que no, que no, que ya hemos llegado”, me aseguró al ver mi gesto de desesperación, que ni me molesté en disimular de puro cansancio.

(C) Ander Guaza, Juanto Uribarri

Pues esto era cierto, llegamos a la meta y me sacaron una foto para poder probar. Se ha convertido de momento en mi avatar en el foro del club. La calidad no es muy allá, pero el gesto de chulería y victoria habla por si solo. No me costó nada conseguirlo porque estaba tan orgulloso de mi no-hazaña como agotado. Y estaba reventado.



La bajada fue más descansada, y me llevó el 5% del tiempo que había invertido, y eso que abusé de los frenos ante la desesperación de 3i, que no veía la necesidad de su uso. No le faltaría razón, pero a mi edad tengo más miedo que vergüenza, algo que por otra parte considero un signo de madurez.

Volvimos por donde habíamos venido. Cogimos de nuevo el carril bici, que por cierto ha quedado muy bien, ahora está separado de los coches. Antes era simplemente el arcén de la carretera mas pintado de rojo. Y es que bautizar carriles bici es muy fácil. Pero el sillín me estaba matando, ya podéis imaginar dónde.

Cuando llegamos a Tres Cantos mi amigo me acompaño a la estación de Rodalíes (aquí guiño a Marta). Él, naturalmente, continuó hasta Madrid y su casa. Que conste que si no fuera por lo delicado de mi situación anatómica habría continuado, ¡eh!

En total salieron 69 kilómetros con puerto y todo. Podría decir casi 70, pero es que 69 tiene unas connotaciones que me resultan muy apetitosas. El no-puerto tiene un desnivel de 371 metros y 8 kilómetros de longitud. El primer tramo una pendiente de 10-17%, pues eso, que menos mal que era no, que si llega a ser sí.

¡Ah! El diccionario de la RAE ha servido de nuevo de ayuda. Se dice triatlón, con acento en la ó, como también se dice decatlón o pentatlón. Y es que pocas cosas tan castellanas como las palabras acabadas en –ón.

Un abrazo, 3j

martes, 13 de noviembre de 2007

11.11.2007 – La media maratón de Moratalaz

Pues yo este domingo estuve corriendo. La verdad es cuando me siento y trato de encontrar algo que contar de una carrera de asfalto, me quedo sin saber qué decir. Las carreras de montaña dan para mucho más y aquí, a no ser que no cuente el ritmo que llevaba por kilómetro, poco más tengo que contar. Los detalles más específicos es algo que sólo los muy adictos a la carrera soportarían con cierto estoicismo. Y yo no es que no quiera dar su dosis a los que disfruten de esto, es que mis marcas ni a la llegada, ni lógicamente durante cada kilómetro pueden ser más discretas. A mí sólo me queda disfrutar de las sensaciones de la carrera, y ya es más que suficiente y gratificante.

Los de la asociación atlética de Moratalaz presumen de organizar la carrera popular más antigua de Madrid. Yo no sé si la afirmación admitirá matices, pero lo cierto es que van por la trigésimo primera edición y eso está bastante bien. Se organizan simultáneamente dos carreras: una de 12 km y la media. Yo esta vez me decidí por la versión corta pensando que las piernas me lo agradecerían durante y sobre todo después de correr. La distancia de media maratón me gusta, pero está ya muy cerca del límite de lo que es razonable para mí. Aunque tengo que confesar que ya de mañana con el ambientillo de la salida y mientras corría barajé la posibilidad de seguir adelante. Una vez que ya estás en ello, minimizas las consecuencias futuras, normalmente desagradables y te dejas llevar por la animación general. No sólo la prudencia me paró, sino también la certeza de que volvería a pasar otra vez por los mismos sitios. Moratalaz es un barrio grande, pero el recorrido de la carrera aprovecha el mismo circuito varias veces. Imposiciones de la junta municipal, imagino. De todas formas a la gente le gusta mucho más la media maratón que los 12 km, porque a pesar de sus 10 km y pico de más, la gran mayoría de los participantes no se desviaron ante la señal de final de los 12 y siguieron adelante muy valientes ellos y ellas.

Me gusta la carrera de Moratalaz. No sólo porque me pille cerca, que me pilla. Sino porque es un lugar agradable. El recorrido no está mal para una carrera de asfalto, especialmente en un día soleado y bonito como lo fue ayer con temperatura perfecta. Hay gente que se queja de que se pasan demasiadas veces por las mismas calles, pero yo, la verdad, es que voy demasiado agitado como para darme cuenta. Hay poquitos participantes y las avenidas son anchas. Se puede correr muy bien, sin agobios ni codazos. La señalización es de las mejorcitas que he visto, aunque reconozco que el pequeño número de participantes ayuda a que sean más visibles. Aunque mi marca fue más que discreta, puedo presumir de estar entre los 50 primeros, el quincuagésimo para ser exacto, algo que jamás me sucede aún corriendo infinitamente mejor en carreras de solera. La bolsa del corredor tampoco es para dar botes de alegría, la camiseta podría hacer por lo menos mención a la carrera y no sólo al patrocinador, pero la inscripción fue solo 5 euritos. En fin, que está muy bien para poner una carrerita en noviembre.